domingo, 7 de junio de 2015

elementos inflamables

Fuimos un poco como los guerreros de las épocas anteriores que se iban a la guerra. Nos llevábamos siempre las armaduras, los ropajes, las espadas y los cascos. Aunque luego eso en campo abierto solo servía de algo. De nada. Compartimos batallas y noches. Siendo tan ilusos de creer que Roma se ganaba en dos noches y la guerra en una. Pero daba igual, porque el perro del hortelano lo creamos nosotros... No Lope de Vega allá por el XVII.


Compartimos también un poco de todo... Las mierdas por ejemplo, que eso siempre une mucho. Tanto que seriamos armas de destrucción masiva peores que las de Irak si nos pusiéramos a hablar... Pero aquí estamos, compartiendo presente cuando toca y recordando pasados que no se olvidan... Preguntándonos por nuestros padres y vidas. Teniendo verdadero interés por los mundos a los que pertenecemos, porque en el fondo fuimos parte de ellos.

Y aquí seguimos. La guerra no acabó. No sé si seremos como Troya y duraremos diez años o como las medicas y nos cargaremos absolutamente todo teniendo que reconstruir ciudades. Dejando allá por donde vamos pasando los restos de las catástrofes y las desidias que producen las luchas cuerpo a cuerpo en terreno abierto.
Sin embargo, aun con batallas y campañas volvíamos a casa y nos lamimos las heridas como dios nos dio a entender. Y en nuestras visitas seguimos compartiendo pensamientos tan realistas y sinceros que hasta asustaría... Porque las verdades duelen, pero nosotros ya dolimos... Asi que una verdad o la verdad propiamente dicha tampoco hace tanto daño.

Nos quedamos en cenizas como el Windsor. Porque o ardimos muy rápido o no supimos como iba eso de controlar los elementos inflamables...