Hacia mucho que no escribía por aquí.
Así en plan "desconexion" que es por lo que empecé en su día a escribir.
Ya es 31... Y toca echar a una balanza el año que ya nos deja.
Ha sido un buen año, en general, he hecho mucho de lo que he ido escribiendo en la lista de cosas por hacer. Lista que no hago el 31 de diciembre, sino cada día a las 8 de la mañana cuando me despierto.
De esa lista un día me dijeron que era y es idílica, propia de una pompa... Pero a decir verdad, la vida en sí ya es bastante jodida y dura, y soy de la ferrea opinión de que si no se sueña, no se tienen metas imposibles o idilios... Esto no merece la pena
La verdad es que podría reducir mi año a lo sentimental, que entonces debería plantearme cortarme las venas.
Sin embargo, creo que me gustará recordar este año, como el año del crecimiento. Y sí, voy a tirarme flores, que ya que no hay nadie en mi vida que lo haga. Lo haré yo.
Acabé el pasado año con buenas notas, reforcé amistades que no era realmente que estaban ahí hasta que la convivencia, los kilometros y un poco las circunstancias del día a día lo fueron haciendo posible.
Aprendí a dejar a mis bollos más esponjosos, bebi muchas diferentes y ricas cervezas y sobre todo viaje, Es quizás lo que más me ha gustado de este año. Viajar, encontrarme en el silencio de un tren con una canción de sabe dios quien y en el paise que hay entre Belgica y Alemania, darme cuenta de que las cosa, la gente y todo permanecen en tu vida solo si se quiere... Que no hay que partirse los cuernos por nadie que no demuestre empeño o interés por uno.
He aprendido en este año a valorar. Tanto lo que tengo como lo que no.. He valorado un poco más de lo que lo hago habitualmente los esfuerzos de mi madre por mediar y unirme con mi hermano cuando las lia o las lio. Si es verdad que quizás mi familia no es la más modélica, la mejor o adjetivos que ahora no me vienen a la cabeza. Pero para mi es la mejor, que aunque muchas veces haya días que desquician, son los primeros en alegrarse de mis triunfos y apoyarme en mis fracasos, caídas o días malos... No necesito un 31 de diciembre para ensalzar algo que tengo, pero si hay días en los que recordar que lo más grande que tenemos está bajo el techo que vivimos.
El 2014 me ha enseñado a trabajar, a tener éxito cuando se duerme poco y se curra mucho. Me ha enseñado a pensar un poco más en mi, a tomarme las cosas con calma, a no correr aunque me vea tentada a pisar el acelerador. Que puede ser o parecer narcisista, pero he de reconocer que no siempre se frenar para ver que es "lo que más me conviene".
Y he de admitir, que el día que me desperté, vi un camino en el que estaba, que no era ni lo que quería ni lo que me convenía... Porque puestos a convenir, el antrax aunque venga en papel rosa o disfrazado de vacaciones no conviene a nadie. Y elegir, fue quizás uno de los mejores aciertos de ese año.
Debería estar poniendo la lista de propósitos, pero a decir verdad, lo poco que he pensado se reduce a seguir creciendo, a ser un poquito mejor y algo menos peor, que es de lo que se supone que va eso de "los propositos de nuevo año". Sin embargo, algo que sí me planteo y propongo realmente enserio es a sonreir un poco más. Y creo que es algo que debería estar en la lista de todos.
Sonreir por lo que tenemos, por lo que tendremos. Sonreir los días malos, que si al día siguiente no parecen tan malos... Es que realmente no lo son.
Sonreír delante de un espejo todas las mañanas y decir "Hoy es un buen día para tener un gran día, porque si puedes soñarlo puedes hacerlo"